Cómo no habrán de ser pedigueñas las manos,
pedigueños los labios
si es la certidumbre de tu cuerpo, el milagro.
Cómo no trastrabillar al invocar tu nombre
Cómo no trascender cuando te llamo
si eres la celda gris con que a la muerte
espanto.
Cómo no habrá de emigrar
hacia el sentido del caos
si es tu cuerpo la idea
del tiempo y del espacio,
y el mundo y Dios
por tí inventaron mis pasos.
Cómo no habrá de ser ingenuo el pensamiento
si incurre la razón en un fatal engaño
intenta pergeñar algo mejor,
y es desengaño.
Mejor que tú
¿las luces, los colores, acaso el viento?.